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Mostrando entradas de febrero, 2020

Machismo, felicidad y publicidad

Digamos que estoy a un aspirador, más un marido al que preparar deliciosos platos, de alcanzar la felicidad. Con los abrefáciles de ahora ya puedo abrir yo sola los envases de comida. Y además, doy gracias a la química por la baja combustión de la cerveza. Lo único por lo que tendré que preocuparme, una vez reunidos los requisitos indispensables para sentirme plena en la vida, es por no cagarla demasiado en la cocina (donde prácticamente me tiraría el día entero porque me fascina en demasía esa parte de la casa), por mantener el piso reluciente, por darle a mi esposo (y criar de manera dogmática) la cantidad de hijos que él o el azar estimen oportuno que tengamos, por que haya siempre una botella de equis elixir bien fresquita en la nevera, por no formarme una opinión que contradiga los deseos, creencias e intereses del otro género, por seguir resultando deseable pese a las condiciones adversas que pudiesen arruinarme como florero, por asumir en general todos los fallos recibiendo bue...