El benefactor


¿Y si los creadores de la Iglesia o de la doctrina religiosa "x" ni siquiera creyesen en Dios? No me parecería tan descabellado que se idease ex profeso una figura como la del todopoderoso para conseguir un órgano de control a gran escala. La gente, atemorizada ante la inevitable desgracia de la muerte y tan llena de dudas y temores por todo cuanto puede sucederles durante su existencia –y tras ella–, necesita algo en lo que apoyarse de manera permanente. Un protector invisible puede salvar a alguien de un momento de soledad, puede proporcionar un buen motivo para continuar respirando pese a toda la presión que pueda experimentarse, e incluso tiene el poder de atenuar un terrible dolor físico. Si Dios tuviese un precio de mercado, muchos ahorrarían o se hipotecarían para comprarlo. ¿Por qué no iban, entonces, a seguir el simple proceso de adherirse a una idea tan potente? 

Podría argüirse que hay una cultura muy arcaica que aplasta la hipótesis al principio plateada, pues el ser humano desarrolló su intelecto a la par que sus creencias religiosas. La fe precede a la institución. Pero precisamente por ello algún pionero en estrategias marketinianas que cabría la posibilidad de considerarse 100% ateo pudo echar mano de tal fenómeno masivo para canalizar la opinión hacia sus intereses. Eso no significa para nada que todo aquel que forma parte de la Iglesia sea un farsante. Hay que tener en cuenta que una comunidad no tiene una composición perfectamente homogénea a la hora de poner algo así en juicio. Solo creo que no está de más cuestionarse un poco las bases de aquello que en algún momento de la Historia ha sido fundado por alguien. 

A partir de aquí defendería algunos de los valores promovidos específicamente por la religión cristiana y, sin embargo, tengo que objetar la forma en que se hace. "No matarás", "no robarás", "no codiciarás los bienes ajenos"... Dudo que en el ámbito de la educación, como es el caso de la parte ética del cristianismo, sea conveniente utilizar el imperativo debido una multitud de efectos poco beneficiosos que podrían derivarse a la larga dentro de una cultura. Vuelve a reiterarse la idea de aceptar sin rechistar lo que haya establecido. Ello fomenta una actitud poco crítica y no favorece realmente el aprendizaje, que debe ir asociado a unos motivos o hechos concretos basados más bien en la propia experiencia. Y además, la enseñanza en ese modo es un signo de soberbia que contradice el mismo principio de igualdad que supuestamente pretende inculcarse. La parte del decálogo referida a lo sexual me la salto directamente, pero más de lo mismo... y aún peor. 


Hacer una valoración general justa sobre algo que se ha ido diseminando tanto geográfica como temporalmente, y que comprende, por tanto, a un montón de individuos diferentes, es complicado. Pero, en definitiva, es necesario cuestionarse los intereses que pueda haber detrás de todo dogma y dejar atrás la fe ciega que no provee de conocimientos palpables y prácticos.    


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