¡Uno para todos, y todos para uno!
No soy partidaria de la democracia. Ni del totalitarismo. Ni de la anarquía. Por diferentes que parezcan, estos tres sistemas comparten el mismo gran problema en la base de su funcionamiento. Y ese problema común al que me refiero es la naturaleza de las prioridades.
Prácticamente nadie en la actualidad se atrevería a cuestionar que el totalitarismo es algo negativo para una sociedad. La mayoría comprende a la perfección lo egoístas que son los intereses de un gobernante que pretende detentar el poder a toda costa e imponer unas leyes inhumanas en su beneficio. Sin embargo, no me parece que haya tanta diferencia entre la tiranía de uno y la tiranía de la mayoría (o de unos pocos, al fin y al cabo). ¿Se supone que porque "x" sea votada por muchos es la mejor elección posible? Para empezar, ¿qué tipo de alternativas son las que se encuentran sobre la mesa? ¿Está siempre disponible la opción más sensata? Y aunque así sea, ¿luego va a ser cumplido el programa seleccionado, cuya ejecución no es precisamente inviable?
Pero dejando a un lado lo manipuladas que puedan estar esas alternativas de antemano, sigue sin convencerme que lo que quiera la mayor parte de la población sea lo más correcto. Cada uno dentro de sí puede albergar deseos muy egoístas, y muchos votos pueden contener mucho egoísmo y mucha inconsciencia. Según me consta no es la mayoría quien está preocupada por los daños provocados a la naturaleza. La preservación del medio ambiente es algo que queda bien defender por los atributos que van ligados a tales acciones y pensamientos, y lo fácil es identificarse como partidario, e incluso como miembro activo. Colocarse una simple etiqueta no requiere de ningún esfuerzo. Ahora bien, una persona cualquiera de repente se encuentra en su casa con una hilera de hormigas o con alguna cucaracha y, automáticamente, ¿qué hace? ¿Buscar alternativas no nocivas para erradicar la plaga? ¿O apretar sin vacilar el pitorro del barato insecticida que tiene a mano? Si es desconocedora de los perniciosos efectos que este tipo de productos pueden provocar a la larga sobre los organismos, quizás no sea la más apta para decidir sobre aquellas cosas que atañen a la vida. Si simplemente lo hace por comodidad, ¡ole su **** moreno! Durante las elecciones va a optar por aquello que más le simplifique su existencia sin tomar en consideración a quienes van a resultar por otro lado damnificados. Así que más vale que las prioridades de los individuos se mantengan siempre alineadas para que no haya nadie desconsolado. Y que dichas prioridades coincidan, de paso, tanto con la ética como con el sentido común. Pero esto casi nunca es así.
En cuanto a la anarquía, se añade ahí el inconveniente del caos por la falta de organización. Es decir, simplemente consiste en un libre albedrío de ciudadanos hostiándose por alcanzar sus personales objetivos y comodidades.
¿Y si a ese proceso de someter a votación unos cuantos programas con propuestas limitadas y prefijadas, se le diera la vuelta? ¿Y si fuese la persona de a pie quien expusiese sus intereses sobre el papel o en asambleas locales, y luego el conjunto de ellos fuese evaluado por un sabio comité de composición heterogénea?
¿Y si a ese proceso de someter a votación unos cuantos programas con propuestas limitadas y prefijadas, se le diera la vuelta? ¿Y si fuese la persona de a pie quien expusiese sus intereses sobre el papel o en asambleas locales, y luego el conjunto de ellos fuese evaluado por un sabio comité de composición heterogénea?
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